El gran reordenamiento
Colombia ante su elección más determinante en décadas
«Una elección de Congreso no es solo una lista de nombres en un tarjetón azul. Es el mapa del poder real que gobernará Colombia los próximos cuatro años.»
Lo que está en juego: mucho más que curules
El 8 de marzo de 2026 no es un domingo electoral ordinario. Es la fecha en que Colombia decide simultáneamente dos cosas de enorme trascendencia: la composición del Congreso para el periodo 2026-2030 —con más de 3.144 candidatos disputando 285 curules en Senado y Cámara— y el nombre de los candidatos presidenciales que competirán en primera vuelta el 31 de mayo. Más de 41 millones de colombianos habilitados para votar tienen en sus manos una ecuación política de altísima complejidad.
Lo que está en juego es nada menos que el control del poder legislativo en un momento en que el país transita entre el fin de la era Petro y la apertura de un nuevo ciclo político. El Congreso que se elija determinará si el próximo gobierno —sea del signo que sea— tendrá mayorías para gobernar o deberá negociar cada reforma, cada presupuesto, cada decisión estratégica.
En juego están también las propias curules de paz: las 10 asignadas al partido Comunes como parte del Acuerdo de La Habana expiraron. Sus exintegrantes deben ahora competir en igualdad de condiciones con el resto. Es el fin de una garantía y el inicio de una prueba de fuego para la reintegración política de excombatientes.
Y hay un tercer elemento: el umbral del 3% de votos válidos en Senado. Partidos históricos como el Liberal, el Conservador y Cambio Radical deben mostrar que siguen siendo fuerzas electorales relevantes o arriesgarse a una recomposición radical de sus estructuras. La cifra repartidora será inclemente con los débiles.
Cómo se reconfigura el poder
El escenario que emerge de este proceso electoral dibuja al menos tres ejes de poder en tensión:
El eje progresista se juega su continuidad institucional. El Pacto Histórico llega a estas elecciones con el desgaste natural de cuatro años de gobierno, con reformas inconclusas y con una figura presidencial que ha polarizado el debate público. La consulta del Frente Amplio —que enfrenta a Iván Cepeda con Roy Barreras y Camilo Romero— determinará si el progresismo puede mantener la cohesión o si comienza su fractura interna. Cepeda llega líder en encuestas con 40% de intención de voto al interior de la consulta, pero el 44% que dice que no votaría por ninguno de los candidatos del bloque es una señal de alerta.
El eje de centroderecha apuesta por la unidad como estrategia. La Gran Consulta por Colombia —la más numerosa en la historia de las consultas interpartidistas del país, con nueve candidatos— es la gran apuesta de ese bloque para construir una alternativa viable. Paloma Valencia (Centro Democrático), Vicky Dávila (Valientes), Juan Manuel Galán (Nuevo Liberalismo), Juan Daniel Oviedo, Aníbal Gaviria, Juan Carlos Pinzón, Enrique Peñalosa, David Luna y Mauricio Cárdenas se presentan como tecnócratas sin jefes políticos. Pero la presencia de Valencia —con Álvaro Uribe como candidato al Senado detrás de ella— recarga la consulta con peso político tradicional y la carga, a la vez, del lastre del uribismo. La aritmética es tentadora: juntos suman en encuestas más del 17%, pero la unidad post-consulta está por comprobarse.
El eje de los solitarios es quizás el más impredecible. Abelardo de la Espriella —el «tigre» de las redes, el candidato más viral del ciclo— y candidatos como Claudia López (en la Consulta de las Soluciones con Leonardo Huerta) representan apuestas individuales que miden la disposición del electorado a votar fuera de las coaliciones. De la Espriella fue explícito: «Yo no voy a una fiesta a la que no me invitaron. Mi consulta es una sola: la lista del Tigre con Salvación Nacional.»
Los que ponen en juego su futuro político
Esta jornada no es solo un test para las coaliciones. Es un examen de permanencia para figuras individuales.
Álvaro Uribe Vélez regresa al Senado como candidato del Centro Democrático. Para el expresidente, la jornada es una demostración de músculo y de que el uribismo sigue siendo la bancada más poderosa de la derecha colombiana. Si el resultado decepciona, comenzará a hablarse del ocaso de una era.
Claudia López disputa la Consulta de las Soluciones con un candidato prácticamente desconocido. Para la exalcaldesa de Bogotá, el resultado determinará si tiene viabilidad como candidata presidencial independiente o si queda fuera de la conversación antes de la primera vuelta.
Iván Cepeda busca convertir su liderazgo en la consulta del Frente Amplio en un mandato para enfrentarse a De la Espriella en primera vuelta. Una victoria contundente lo consolida; una ajustada lo debilita.
Los partidos tradicionales —Liberal, Conservador, Cambio Radical— se juegan su relevancia sistémica. Haberse retirado de las consultas para no comprometer sus estructuras los deja en terreno de nadie: sin candidato presidencial propio y dependiendo de resultados legislativos para mantener poder de negociación.
El Pacto Histórico mide si su maquinaria electoral sobrevive al desgaste del gobierno. Sus candidatos al Congreso son el barómetro más fiel de cuánto respaldo real le queda al petrismo.
La batalla digital en las elecciones Colombia 2026 tiene tres grandes frentes:
Dominio digital total: Más del 93% de candidaturas usa redes como eje central, con gasto en publicidad digital superando los $680 millones en el último trimestre de 2025. WhatsApp, Facebook, X, Instagram y TikTok desplazaron afiches, vallas y eventos masivos — no solo por convicción sino por necesidad económica.
TikTok como territorio del nuevo populismo: Candidatos antes invisibles encuentran audiencias millonarias. De la Espriella es el caso más claro: construyó su fenómeno desde videos cortos, directos y sin intermediarios. La fórmula «habla como la gente» tiene en TikTok su plataforma ideal.
Desinformación como riesgo sistémico: Al menos cinco desinformaciones relevantes circularon en la recta final, desde rumores falsos sobre el software electoral de Indra hasta montajes de vallas falsas atribuidas a la Corte Constitucional. La MOE advirtió que el uso de IA en contenido político «amenaza la integridad del proceso» y exigió regulación al CNE — que llegó tarde.
La movilización digital también tiene precedente poderoso: en 2022 la consulta del Pacto Histórico arrastró votos masivos hacia sus listas al Congreso. La Gran Consulta de 2026 apuesta a replicar ese efecto desde el otro extremo ideológico.



